martes, 11 de septiembre de 2012



Diario de Sally
Septiembre 17
Ahora, ¿por qué escribo esto…?
¡Ah! Ya recordé: Por cierta chica y su “mascota”. Y, sin dudar, es muy cierta esta aseveración.  

Aunque no puedo negar que me agrada ver a Lorelei compartiendo con otros más allá de MMORPG o chats, no me siento a gusto al saber que tiene a una chica muy peligrosa. Que sea loca o que sea ex vaga es algo que no se debe dejar al aire sólo porque sí.

Hoy la vi, cerca de la tarde, en su apartamento.

Tras tocar varias veces su puerta, ella se dignó a gritar:

-          ¿Quién carajo…?  ¡Oh! ¡Sally!

Ese cambio drástico se debe a que llegué inesperada a ella. O que oculta algo. Y que me vio de reojo en su pequeña mirilla en la puerta.

Aunque yo supuse el segundo hecho. La conozco muy bien como para saber cuándo me oculta algo o no.

-          ¿Qué escondes? –le dije muy directa.
-          Nada... – titubeó, y luego un par de ojos, humanos, me vieron.

Al momento, no lo creí: una anti-social con alguien más allá que su única amiga era algo casi caótico, comenzando por su política de “cero relaciones”. Mi excepción se debe a que le he cubierto su trasero en varias ocasiones que ha buscado meterse en problemas. Pero, al ver que esos oscuros y penetrantes ojos de color zafiro me seguían, cambió mi opinión.

Con su muy poca expresividad en palabras y emociones, ella me contó todo lo relacionado con ella. “La vi y la traje conmigo”, me decía al tiempo que llevaba a Polaris a ver televisión, y así ella se quedaba en silencio (ella es muy inquieta y ruidosa… ¿Cómo es que nadie la ha oído o quejado?); “No es mucho lo que sé o quiera saber; pero hay algo que me ha intrigado”.

Intriga, algo que ella muy rara vez siente. Ese deseo de saber más de algo, y de alguien es muy raro en ella. Lorelei siempre evita buscar o saber más allá de lo que siente útil. Salvo si se aburre, ella no hace nada. Pero, claro, si yo no estoy, ella se aburre casi de inmediato; luego hackea   cada página que tenga seguridad; y después, se mete en apuros o clausuran el centro informático. 

Pero, volviendo al tema, le pregunté acerca de su intriga, ella respondió con una pizca de entusiasmo:

-          Cuando ella oye – se acercó a mí y me susurró – W&P Medical – se alejó – ella empieza a gritar “Bestias” varias veces y tiende a esconderse o a gritar alaridos muy perturbadores.
-          Pero, ¿será una buena idea que la hayas dejado viendo TV? Digo, ¿no habrá algo que la perturbe? – le dije, temiendo que su terror se vuelva violento.
-          Lo dudo.  Es un video de mi colección de clásicos.
-          ¿Frankenstein, zombies, aliens u otros?
-          Otros.
-          Con tal que no sea la chica del aro…

Cuando vi que ella sonrió algo “inocente”, quise matarla.

               Después de ver que Polaris era, prácticamente, inofensiva, me fui algo tranquila a casa. Igual le advertí muchas veces que no se confiara en alguien así. Espero que siquiera me haya oído.

Igual da. Esa chica de coletas de frente con su trigo cabello rara vez tiene algo que no quiere. Y esta vez quiero que así sea: que todo siga casi igual para ella. Creo que lo mejor será dejar de hacer esto y enfocarme en mi proyecto: mi tarea.


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